martes, 20 de septiembre de 2011

Moneditas ¿basura?


Hace no mucho alguien pedía a su audiencia a micrófono abierto en algún medio de comunicación que no recuerdo, que si no querían sus moneditas de centavos, esas que 'estorban más de lo que ayudan', con todo gusto se las aceptaba.

Y es partiendo de este principio que la indignación casi a diario me hace su presa. Resulta que de manera mucho más acuciosa que de costumbre he sido testigo en la tienda de autoservicio Superama, de un procedimiento sistemático consistente en no devolver al consumidor sus centavos, a consecuencia de la compra de uno o varios productos en dicho establecimiento.

No hay argumento de por medio, simplemente los y las cajeras no dan completos los cambios, creyendo que por tratarse de centavos nadie debería inconformarse. En múltiples ocasiones he solicitado mi cambio completo, obteniendo con ello enojo y hartazgo por parte de estos trabajadores -y seguramente alguno que otro 'sanbenito' de tacaño, miserable o de plano mamón. Sin embargo parto del principio de ¿por qué habría yo de regalarle nada a una empresa global como Walmart? o el que apunta a la elemental justicia y al orden legal que indica que se está cometiendo un robo a un cliente; eso si no caemos en el 'sospechosismo' de las cuentas y la incidencia de casos, que multiplicados por número de compradores y número de tiendas en el lapso de un día nos darían cifras astronómicas de algo que ya se conoce popularmente como "robo centavero".

Probablemente el problema no sea siquiera de los cajeros, sino de una política no escrita que apunta a no perder absolutamente nada, y a ganar, sólo ganar, aunque sea a costa de una 'inocente' omisión. Aquí no se trata de ver quien se queda con la mayor parte, sino de justicia: cambios exactos y correctos (y ni hablemos de esa necedad llamada 'redondeo', que por sí sola merece un post aparte y que ignorantes utilizan ya como un genérico, y en el peor de los casos sin saber siquiera a quién o quienes benefician con su torpe iniciativa).
Se sabe de gente que argumenta linduras como 'aquí ya no manejamos moneditas de centavos', 'no se las puedo aceptar, no me lo permiten' o en el peor de los casos: 'Eso ya no vale nada'.

Es importante saber que existe algo llamado 'poder liberatorio' y que está sujeto a una limitante: Esta propiedad define el valor de uso de una moneda de curso legal, sin embargo está limitada por la Ley Monetaria de México a la utilización de 100 piezas de cada denominación en un mismo pago (100 monedas de 10 centavos, 100 de 1 peso, etc., en cada saldo a liquidar). No obstante, eso no exime al Banco de México a cambiar -a través de sus centros de canje-, si fuera preciso, uno o varios camiones de volteo llenos de esa 'aparente basura'.

La solución no está en manos del ciudadano. Es esta entidad gubernamental la responsable del cuño de estas monedas, que le guste o no a quien sea, son de curso legal. Y es precisamente esta institución -amparada en un argumento macroeconómico- la que intenta explicar su existencia, su director de Emisión, Manuel Galán nos deslumbra con su lógica: "La demanda (de estas monedas) surge debido a que los centavos se quedan en alcancías, ceniceros, cajones o en la basura, por lo que el sistema siempre requiere más (SIC). Creemos que la gente las bota y no se vuelven a usar, entonces los comercios requieren más piezas, las solicitan a la banca y ésta a su vez a nosotros” (¡¡RE-SIC!!). Y yo entonces me pregunto, asumiendo mi ignorancia de los altos vuelos de la economía ¿entonces si ya comprobaron que son basura para la población por qué diablos las siguen emitiendo?

Cuatro datos nada más para alimentar al morbo: al año se emiten 400 millones de monedas de 10 centavos y 220 millones de la de 20 centavos. Este grueso de 'metálico' constituye un 5% del dinero circulante en nuestro país, algo así como 600,000 millones de pesos. ¿Desdeñable? ¿Basura?

No me cabe duda de que la ignorancia es todo un caldo de cultivo en el que abrevan los cínicos, esos que todavía ven al pueblo como una masa amorfa a la que pueden manejar a su antojo. Hay anécdotas para dar y repartir ¿cuál es la tuya?

lunes, 19 de septiembre de 2011

Por una música sin 'tags'

Checando una de las muchas listas que ya manejan conteos sobre las mejores canciones de este 2011 que aún no llega a su fin, pude darme cuenta de que las tendencias no son lo mío, las modas me vienen guanguísimas y lo estúpidamente 'indie' me repatea las gónadas. De un total de 25, sólo una propuesta pudo capturarme, a pesar de que su naturaleza pudiera llegar a ser agresiva para los adalides del ruido y la pose, esos 'antimainstream' que disfrutan de etiquetar la música por factores que nada tienen que ver con la esencia.
¿El nombre del grupo? Cut Copy, un trío de chavos australianos que traen el toque, y cuyo mayor pecado en estos dosmilesonces es sonar 'ochenteros'. ¿La rola? Take me over.
Es aquí en donde me pregunto ¿y qué tiene de malo el 'electro-fresa pop' o sonar a Durán Durán o Depeche Mode dulcificado?
Hoy declaro en este foro ciego y sordo que me decanto por la música que me ofrece melodías, que es agradable al oído, sin embargo no critico los otros géneros, ni las tendencias. Definitivamente no comparto que se le pongan etiquetas a la música. Todo debe llegar a un punto medio: ni tan inaudible pa ser mamonamente 'indie', ni tan dulce para que no lo etiqueten de mainstream o música facilona. Por eso odié Radioactivo y por eso odio Reactor, por la mamonería con la que se conducen, como si fueran dueños de la verdad en la música, y sintiéndose muy progres presentando canciones sin alma con nombres impronunciables justo en el 'synch point'.

martes, 13 de septiembre de 2011

La vigencia del 'pesimismo'

Tristemente Enrique Santos Discépolo tenía tanta razón al escribir 'Cambalache', y hoy está más vigente que nunca. Eso lo hizo un visionario y por supuesto, uno de esos seres que pasan con sus luces por una tierra de ciegos y que son lastimados con rejones obtusos del tipo '¡Es un pesimista! o 'Si no eres la solución, eres parte del problema'.

Frase a frase, nota a nota y reflexión tras reflexión la vigencia de su postulado, sigue hiriendo a una sociedad que en visión micro o macro sigue sin encontrar salidas obvias para lograr la felicidad, esa que estriba en las cosas simples, las que nunca apreciarán los necios, los zafios.

¡Salud, que allá en el horno se vamo' a encontrar!

domingo, 31 de julio de 2011

Estás en mi corazón...

Para Mauricio, Gustavo, Marcela, Milagros, Héctor, Elías, Laura, Mayte, Iliana, Paola Partida y todos aquellos que directa o indirectamente han compartido conmigo la grandeza de 'Lichi'. Y para mi 'Lichi', por supuesto...
Nota: favor de leer este artículo con las notas de fondo del maestro Alfredo Kraus, interpretando "Siempre en mi corazón" del gran Ernesto Lecuona. Simplemente denle al 'play' en el video adjunto, al pie del mismo.

"Rubén el 'ruco' Marín Limón nunca se sintió tan viejo como aquella mañana de domingo en que supo de la puta muerte de Eliseo Alberto de Diego García Marruz. En honor a la verdad no era más que un escritor y poeta insular que sin saberlo le había salvado la vida y deconstruido la existencia en múltiples ocasiones al ritmo de una prosa melodiosa escrita en las páginas de un bello ejemplar -de Ediciones del Equilibrista- adquirido por 50 inmejorablemente invertidos pesos en una triste mesa de remates de la Casa Lamm..."

Si pudiera contar mi vida como una novela, sin duda tendría que empezar así, pues a partir del día en que leí las páginas de "La eternidad por fin comienza un lunes o El grande viaje del Cisne Negro sobre los lagos de hielo de Irlanda" dio un vuelco, que visto en retrospectiva bien podría ser mil puntos de partida y mil finales a la vez, dependiendo de cómo sea contada y desde la perspectiva de quien.

Y es que nadie que no haya llorado al leer un libro podría entender lo que 'Lichi' provocó en mí y mi turbulento presente de aquél entonces... (perdonen la pausa, pero es que no podía seguir escribiendo sobre esto, sin un encender un cigarrillo -como él-).

El universo del circo Cinco Estrellas ("... dueña de un corazón tan 'Cinco Estrellas'" escribirían Sabina y Milanés seis años después) y su hermandad de extravagantes y entrañables personajes se convirtieron en mi familia, y sus vidas -y muertes-... en las mías.

"La eternidad..." mutó entonces en un manojo de emociones difíciles de manejar, que se quedaron entre sus 380 amarillentas páginas como fieles testigos de mi emotividad y que hoy aún se asoman entre letras, frases sabias y entrecruzadas historias que me llevaron casi tres años de dolorosa, pero coruscante digestión.

Podría hablar de la vida de mi escritor y poeta, pero mejor quise plasmar en este espacio su huella en mí, que ocuparme de ello, pues los obituarios de este triste domingo ya se encargaron de eso.

Así pues, "La fogata roja", "Importará el trueno", "Las cosas que yo amo", "Caracol Beach", "Informe contra mí mismo", "Esther en alguna parte", "Del otro lado de los sueños", "La fábula de José" y "El retablo del Conde Eros" esperan severas lecturas y relecturas como un sencillo homenaje a su memoria; y esperan también a ser regaladas como "La eternidad..." porque estoy convencido de que su arte debe ser obsequiado, no comprado... y que si se compra debe ser sólo para intentar hacer felices a los que más queremos.

Eliseo Alberto, mi querido 'Lichi', me enseñó que un libro sobre la magia del amor puede hacer cambiar una y mil vidas, empezando por la mía. Esta noche su novela -con todos sus recuerdos, realidades y espíritus- está sobre mi mesilla a la espera del sol de este incipiente lunes en que comienza su eternidad y que habrá de reunirlo con Eliseo Diego, su amado padre.

Descansa en paz, amigo. Vives en mí... estás en mi corazón...


sábado, 23 de julio de 2011

Adios hermosa!


Desde el primer momento en que tuve el privilegio de ser testigo del talento inconmensurable de Amy Winehouse, pude ver tambien su triste destino. La muerte anunciada de una artista maldita (en el mejor sentido de la frase). Hoy llego el momento y al escuchar la nota a escasos 20 minutos de que Scotland Yard la encontrara, solo pense con tristeza 'ya está mejor'.
Mi sensible y muy querida amiga Ili lo dijo hoy y bien. Artistas como estos viven poco y dejan un legado impresionante, para muestra el gran cineasta Jean Vigo y muchos otros que ante una muerte prematura, pero sobre todo tras una corta pero productiva vida, encontraron su pase a la inmortalidad.


lunes, 18 de julio de 2011

Para tu dolor...


Quizá se trata de los momentos más tristes de mi vida, lo recuerdo como si hubiera sido ayer, y como siempre la música estuvo allí, para recordarme que nada podía ser tan malo como el silencio.
Fue el día en que una mujer se fue de mi vida para siempre, paradójicamente mientras dirigía sus pasos hacia mí. No vale la pena entrar en detalles, pero esta canción me la trae a la memoria.
Y lo que son las cosas, justo hace una semana cuando recordé cuánto es que dolía escuchar esas notas nuevamente, me enteraba apersonalmente de su dolor y el de toda su familia a causa de la pérdida de su madre. No sé si esto sea un homenaje a su memoria, a la mía o a la de 'Ara', pero lo que sí sé es que aquél dolor mío es ya lejano, más no el suyo que fresco me conmueve.
Ojalá sus notas pudieran encontrar el efecto inverso a mi sentir para curar su dolor, el que ahora vive y que nada se compara a aquél viejo mío, que en su momento dolió tanto.
¡Lo siento mucho Familia De la Fuente Ortíz!
Reciban un beso y un abrazo Ara, Ana, Laura y Lidia.

viernes, 15 de enero de 2010

Siempre es de noche...



Por eso siempre hay que darnos el tiempo de escuchar las historias que nos regala la música y maestros como Alejandro Sanz: esta bella cancion cuenta tan sólo una parte de una hermosísima historia en apenas cinco minutos.

Esta es la historia, así lo dijo alguna vez:

"Si tuviera que rescatar una historia de todas las que he vivido, probablemente, me quedaría con la única que nunca fue mía. Rozó mi vida sin apenas tocarla y me convirtió en testigo por casualidad de una de esas historias que se quedan suspendidas en el aire, a la espera de un final que no arranque a llorar tras contarla.

Él se llamaba Manuel. Era un tipo reservado y aburrido, de esas personas tan anodinas que, por fuerza, tienen que ocultar una historia grandiosa en su silencio. Ciego de nacimiento, solía decir que lo que más le costaba imaginar era el cielo. Apenas salía de su habitación, decía que ya no tenía ni fuerzas ni ganas de seguir peleando con el mundo.

Yo, que por aquella época estaba de prácticas en la residencia, sentía una enorme compasión por aquel hombre que, siempre en solitario, no tenía mayor entretenimiento que escuchar la radio y esperar que llegara la comida. Esta fue la razón principal de que convenciera a Manuel para apuntarse cuando el grupo de voluntarios inició su campaña de verano. Venían un par de horas por las tardes, para hacer compañía a los residentes que no tenían familia o que, aún teniéndola, no recibían apenas visitas.
Manuel refunfuñó cuando se lo propuse la primera vez. No era muy sociable y detestaba este tipo de iniciativas. Nunca me ha gustado la compasión, decía, no quiero dar pena. No obstante, el calor insoportable de su cuarto en verano y el aburrimiento terminaron por dar su brazo a torcer.

Ella se llamaba Julia. Manuel solía decir de ella que olía como los años cuando no pasan en vano. Luego, sonreía como si yo no pudiese entenderlo. La verdad es que nunca lo hice. Julia era una de las voluntarias. Apasionada las puestas de sol, acogió a Manuel nada más conocerle. No podía permitir que existiese una persona incapaz de imaginar el cielo, dijo una vez. Y, por eso mismo, todas las tardes bajaban a ver el atardecer. Si tuviese que rescatar el momento del día en el que el cielo está más hermoso, le decía, sería este sin duda. Manuel la escuchaba hablar de azules que se tornaban rojizos, de aquel sol que caía lentamente, de los violetas, de las nubes, de las estrellas que iban apareciendo tímidamente… Escuchaba embelesado las palabras de Julia, como si en aquel momento no hubiese nada más en el mundo que ellos dos y su atardecer. Estaba pletórico. Nunca antes le había visto de aquella manera, cada vez que escuchaba unos pasos por el pasillo, se giraba velozmente para ver si el olor de Julia delataba su presencia. Empezó a sonreír, a pedirme que le peinara antes de sus atardeceres, como él decía, a hablar con el resto de residentes. Julia y Manuel eran tan perfectos como la caída del sol. El cielo de Manuel ya tenía forma.

Un día, a finales de Agosto, Julia no apareció. Aún no había terminado el verano, pero algunos de los voluntarios habían dejado de venir, sin embargo, me sorprendió enormemente que Julia no apareciese tampoco al día siguiente. Ni al otro. Manuel estaba marchito. Me pidió que le ayudase a bajar al banco donde solían ver el atardecer y se quedó allí sentado durante las dos horas que antes contenían su presencia. Luego, volvió cabizbajo a su habitación. Los atardeceres no eran lo mismo sin ella. El cielo sin ella, no era nada.

Preocupado por Julia y, en consecuencia, por Manuel, me puse en contacto con ella. No fue su voz la que respondió al teléfono. Era su hijo. Julia había fallecido hacía tres días, victima de una enfermedad terminal que la tenía amenazada de muerte desde hacía dos años. Me gusta pensar que la historia de Julia y Manuel no terminó así. Él siguió acudiendo al banco para ver atardecer con los ojos que Julia le había prestado. Ya podía imaginar el cielo, porque el cielo había sido ella. Sé que, de alguna manera, era feliz recordándola.

El día que acabé mis prácticas en la residencia, subí a despedirme de Manuel. Su historia había significado para mí mucho más de lo que nunca llegaré a comprender. Él no estaba en su habitación pero, al mirar el reloj, supe donde encontrarle: en su banco, en su atardecer. Y, efectivamente, allí estaba. Me senté a su lado sin decir nada, maravillado por aquella puesta de sol tan mágica. ¿Era bella, verdad?, susurró Manuel de pronto. Más que la Luna, respondí. Y así, con una enorme sonrisa sentado frente a un atardecer cargado de magia, dejé a Manuel. Tal como sigue aún hoy, en mi recuerdo.".

miércoles, 6 de enero de 2010

¡Welcome mother fucker. We miss you!


Sin duda Inglorious Basterds como todo el cine de Quentin Tarantino desde Jackie Brown, se balancea entre la adoración y el repudio del respetable, sin importar si se trata de espectadores fieles a su cine o a la casualidad encantadora de los multiplex.

Muchos han afirmado que el ‘enfant terrible’ de Hollywood ha terminado por tomarse demasiado en serio su papel de director de culto y que hoy por hoy Tarantino es una burda copia de aquél realizador que impactara a la industria con dos obras maestras: Reservoir Dogs y Pulp Fiction, ésta última, por la que se hizo acreedor a la Palma de Oro del Festival de Cannes, entre muchos otros premios.

Mucho se ha hablado de que su última cinta tiene todo menos frescura y que peca de excesiva, incluso fue señalado en el seno del festival que lo premiara en aquél 1992 con el mayor galardón –del que es considerado como ‘consentido’-.

Sin embargo, es precisamente en el exceso en donde Tarantino abreva para convertirlo en virtud. De la mano de un chusco y delicioso Brad Pitt y un excelente grupo de actores (de entre los que destacan la hermosa francesa Melanie Laurent y el fenomenal austriaco Christophe Waltz), Quentin realiza sin el menor pudor y -con todo el humor negro que lo caracteriza- un documento ficcional divertidísimo que fiel a su estilo más glorioso llena de futuro la pantalla al corregir -literalmente con el poder de las balas- el doloroso pasado de la humanidad.

En el primer año de la ocupación alemana de Francia, Shosanna Dreyfuss (Mélanie Laurent) presencia la ejecución de su familia a manos del Coronel nazi Hans Landa (Christoph Waltz), sin embargo escapa milagrosamente y huye a París donde asume una nueva identidad como dueña y administradora de una sala de cine.

En otro lugar de Europa, el Teniente Aldo Raine (Brad Pitt) organiza un grupo de soldados estadunidenses de origen judío para hacer justicia y urdir un plan para eliminar a los líderes del Tercer Reich. El destino entra en juego bajo una marquesina de la sala de cine donde Shosanna está decidida a llevar a cabo su propia venganza.

Un guión perfecto, sardónico que contado con los recursos de ese Tarantino real que tanto extrañé desde Kill Bill, hace que los fieles a su cine griten frente a la pantalla ¡Welcome mother fucker. We miss you! Yo fui uno de ellos.

jueves, 25 de junio de 2009

No tengo palabras...


... Y tanto

Se parece tanto a mí,
que me duele mirarlo,
sé muy bien que va a sufrir... y tanto.
Que los sueños le pondrán
a girar, tan alto.
Se parece tanto a mí... será por guapo.

Se parece tanto a mí,
que adivino su vuelo,
se le quema por vivir... el tiempo
Uno pone el corazón,
la razon le sobra.
Se parece tanto a mí.... ¡qué cosas!

Puedo verlo enamorado,
por primera vez,
recogiendo los pedazos y volviendo a creer.

Se parece tanto a mí,
que me duele mirarlo,
sé muy bien que va a sufrir...
... y tanto.

¡Que Dios y la vida me den la oportunidad de verlo crecer y disfrutar de sus momentos y decisiones. Ese es mi unico deseo...

lunes, 8 de junio de 2009

La profundidad a ras de rock...



No muchos son aquellos que sucumben ante el significado real que subyace en la superficie de las expresiones artísticas, ante los elementos que bien parecieran perlas delicadas escondidas en el fondo misterioso de un mar claro y azul.

Esa especial virtud, la de esconder tesoros y mensajes en la botella para aventureros y románticos melómanos, era una de las principales de Antonio Vega Tallés, genial artífice de todo un movimiento social en torno al rock y al pop de la era posfranquista, además de referente inevitable de la cultura contemporánea española.

En su prolija discografía con Nacha Pop y en solitario, abundan piezas que podrían considerarse sin mayores análisis poesía en estado natural, no obstante, hasta en sus canciones más ligeras subyace un profundo dejo de melancolía y nostalgia que conduce sin remedio a un enigmático estado de gozo, suerte de fusión bizarra de alegría, ludicidad, tristeza y cómplice padecimiento.

Ejemplo de esto es la canción Persiguiendo sombras, que sin ser pensada por Vega en el sentido que melómanos como yo le dimos durante años, logró con una serie de metáforas –reinspiradas y ‘alimentadas’ por el frío de la ciudad alemana de Bochum, donde se grabó el disco “El momento”- un himno a la ilusión frustrada, a la tristeza que produce el desengaño de saber inalcanzable el ideal perdido, y que a la vez se traspola a la idea de una mujer perfecta e idílica que en forma de sombra termina por acompañarnos toda la vida.

Sin duda la genialidad de Antonio estriba en haber sabido conjugar asuntos cotidianos, las incidencias de la vida diaria con su mundo, el universo de sus secretos, la profundidad de sus pensamientos, además de sus miedos, nostalgias, emociones y alegrías. Me quedo con eso y con el gozo poderoso que me dan sus guitarras y –paradójicamente- con el buen mood y el efecto emotivo que producen en mi piel sus resplandecientes notas desde aquellos tiempos en que fondeaban la entrada del programa de videos TNT.

martes, 12 de mayo de 2009

Existencia intemporal


Mi ciudad, que no es Madrid aunque bien podría serlo el día de hoy, amaneció nublada, el sol se negó a salir, la muerte de Antonio Vega lo eclipsó.
En México la pérdida de uno de los mejores músicos que haya dado la música contemporánea en idioma español pasó sólo como una nota más en los informativos matutinos, no así para mi esposa Mayte y para mí, dos de los más grandes admiradores del arte de Antonio de este lado del charco.

Desde nuestra adolescencia encontramos a Antonio sin querer, yo en un acetato de Nacha Pop que nunca le devolví a un compañero de secundaria, ella con “Vístete” y además “Una décima de segundo” interpretada por Flans a principios de 1990, un grupo pop integrado por tres mujeres que hizo época en toda la década de los 80, sin saber que estábamos presenciando la obra de un genio que marcaría nuestras vidas hasta hoy, este aciago 12 de mayo de 2009 en que el sol se ha negado a salir.

Gran parte de mi vida ha girado en torno a la obra de Antonio, tengo todos sus discos –al igual que Aleks Syntek, otro de los mexicanos que le tienen devoción a su obra- he cantando sus canciones en innumerables ocasiones con mis amigos Raúl y Gustavo, he llorado con la belleza y pasión que destilan, he padecido su angustia e intentado comprender sus graves fantasmas y me he internado irremediablemente en sus abismos (parafraseando a David Villanueva en su sentido texto publicado en El País). Sus acordes siguen formando parte inherente de mi concepción vital de un tesoro tan preciado como la vida misma: la música.

Hoy salí a trabajar, encendí el auto, Mayte me avisó muy triste y acto seguido manejé intentando asimilar la triste noticia acompañado por los acordes de la canción San Antonio, por mucho mi favorita del disco “Básico” y casi de todo su repertorio. Al llegar estacioné el coche pues tuve que salir a caminar, y pronto me vi “contando las baldosas al andar” oyendo a mi querido Antonio en el iPod que está lleno del testimonio de su inmenso talento y sensibilidad inigualable.

Recordé los inconfundibles acordes de infinidad de temas de Nacha Pop que me remiten a un remoto 1987 cuando con mi look desaliñado volaba de la mano de su guitarra en Persiguiendo sombras, canción de mi heredado acetato “El Momento” que fondeaba la entrada de un clásico programa de videos llamado TNT ¿alguien se acuerda de eso? Después vino Lucha de gigantes y luego Desordenada habitación, junto con el descubrimiento de mi voz con mis amigos, y de que podía comunicar con ella sentimientos, de la mano de su piano y sus guitarras.

Como él, con la barbilla clavada en el pecho me vi buscando a la chica de ayer, dejándome llevar, asustado, dando tumbos sin dirección y persiguiendo sombras, esperando el otoño en el sitio de mi recreo, enganchado a una señal de bus ya con mis lágrimas al suelo…

Adiós mi poeta, más cerca cada vez de ti están el cielo y el mar, disfruta tu nuevo plan con las estrellas del infinito, que ya nos dejaste tu existencia intemporal.

No tengo más nada que decir que no hayan dicho mis lágrimas de hoy al escucharte y re-conocerte como una de mis mayores influencias vitales.

lunes, 9 de marzo de 2009

Decir amigo...


Mi carnal, me duele tu dolor y como dice el maestro Serrat en su canción:
"Decir amigo es decir vino, guitarra, trago y canción; furcias y broncas... Y en los Tres Pinos, una novia pa' los dos..."

No tuve el gusto y el privilegio de conocer a Juan, no tengo elementos suficientes para escribirte estas líneas, pero de una cosa estoy convencido: si ese gran carnal se hizo acreedor a tu cariño, tu respeto y tu admiración, a tus momentos felices, y ahora a tus lágrimas y a tu profunda tristeza por su ausencia repentina de este mundo, era entonces alguien de un valor inconmensurable, tanto como tu, que eres un gran hombre, porque sabes amar y porque sabes aquilatar el también enorme valor de la amistad.

Sé que no habrá palabras para consolarte ante esta pérdida, no te diré más. Sólo no te hagas preguntas que no te puedas contestar porque sólo te van a hacer daño. La vida te dio la oportunidad de conocerlo, de vivir y compartir grandes cosas con el, tan grandes como él :) y su corazón, que según sé, abría pródigo a la gente que amaba.

¡Da gracias por eso, él cumplió su cometido contigo en la vida al darte el privilegio de su amistad y de sus momentos felices! ¡Ahora tienes a un amigo allá que te cuida!
¡Pa'delante que ya se encontrarán otra vez!

¡Te quiero chocolate!
¡Llóralo, llóralo mi hermano, pero con música como homenaje, creo que se lo merece!

http://www.youtube.com/watch?v=hjfH2oNsa34&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=fy3N8AKhY5Y

http://www.youtube.com/watch?v=td_jNcDY3qo&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=Je-yFy_C-fA&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=nkKy9A0WFRk


P.D. Coincido con lo que Fer te escribió en el Hi5, se preocupó mucho por ti y esa fue la forma de demostrártelo tras la noticia, ¡grande mi niña!

lunes, 15 de diciembre de 2008

¡Ay Vidiotrón cómo te odiooo!




Hace unos días se dio a conocer la noticia de que el gobierno estadunidense ha utilizado ‘música’ de artilleros de la talla de Dope, Metallica, Eminem, Nine Inch Nails, Massive Attack, AC/DC y Pantera como método de tortura en la Base Naval de Guantánamo, Cuba.

La nada noble práctica –que también incluye canciones menos ruidosas como el tema de Barney (‘ay mamachitaaa’ diría Resortes Resortín de la Resortera), un mix de melodiosos maullidos de gatos utilizado en un comercial de Purina, Born in the USA de Bruce Springsteen o America de Neil Diamond- fue instaurada por el teniente general Ricardo Sánchez en Irak el 14 de septiembre del 2003 y desde entonces, la repetición ingente de riffs y vómito sonoro -con edificantes frases como “die motherfucker die”, entre otras linduras- es solaz y esparcimiento de los hijos brutos de Forrest Gump, perdón, del Tío Sam, cuando se trata de darle un “castigo ejemplar” a los enemigos de la libertad. ¡Jaaa!

Sin embargo, ahora resulta que no son sólo los detenidos los que se quejan, pues los ‘músicos’ se han unido en un grupo llamado Zero Db para demandar el cese de esta práctica a los militares de su país.

La mera verdad ni aguantan nada. Y déjenme compartirles un recuerdo que mi subconsciente había bloqueado por años, seguramente a causa del daño que con saña me infligieron en un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, pero que escribiendo estas líneas resuena en mi cabeza con fuerza: Videotrón, ¡sí, Videotrón! Una sucursal del infierno en la que un grupo de ingenuos adolescentes y yo fuimos abducidos para enfrentar jornadas de ocho horas continuas soportando la ignorancia en principio de nuestros captores, y de consumidores de cine en video en la era Post-Pirata Beta, Legal VHS y PreBlockbuster.

Dicen los que saben que cualquier estímulo repetido hasta el hartazgo puede convertirse en tortura. Así que mi experiencia en aquél lejano 1994 entra en esa categoría.

Este ‘vidioclut’ petatero distaba mucho de aquél paraíso en el que Quentin Tarantino pasaba horas y horas nutriendo su ácido humor negro y el oficio que hoy lo caracteriza. ¡Noooo señooor, en ‘Vidiotrón’ estaba prohibido ver películas! Había que recomendar con base en la ‘sipnosis’ (como decía una de mis compañeritas de celda que creía saber de cine ¡pobrecita!).

Pero eso no era lo peor, ni la imposibilidad de ver desde clásicos del cine hasta algunas novedades porno que no se veían tan mal (toda proporción guardada mis estimados). Lo que no tenía nombre, era chutarse durante 12 horas en modalidad repeat y shuffle un disquito que los dueños del congal ponían en un cuarto de control bajo llave, para acto seguido, irse a disfrutar de sus millones -como Cristeta Tacuche-. Ellos, desalmados seres sin corazón (jaja), asumían el contenido de su CD como música “muy cinematográfica”, y lo recetaban hasta el hartazgo quesque pa’ poner ambiente ad hoc en su pulguero. ¿Las rolas? Un hediondo amasijo de malísimas y chaférrimas versiones de temas de película, unas, clásicos del cine universal y otras, sólo populares.

El viaje comenzaba con El Tema de Lara de Dr. Zhivago y seguía con un Pretty Woman de alguien más ciego y más sordo que Roy Orbison, un Carros de Fuego, original de Vangelis pero en versión pianosaurio; Unchain Melody (que ya con los Righteous Brothers es una torura), El golpe (ese The Entertainer de Scott Joplin que resuena en todos los conmutadores cuando nos ponen en espera), La vie en rose (en algo incomprensible que se supone era francés), Caravan, el tema de Zorba el griego (Sirtaki de Mikis Theodorakis); dos ascos de versiones de The Good, the bad and the ugly de mi admirado Ennio Morricone y de Everybody’s talkin de Nilsson (Midnight Cowboy); el tema de Emmanuelle, original de Piere Bachelet; y la que hasta hoy (sorry Whitney) no puedo volver a escuchar, no si quiero evitar enloquecer en un tris. Si me la ponen un día -para torturarme, por supuesto- al primer “… and iiiiii, will alway’s love youuuuuuuuuuuuu” les juro que saldrá sangre por todos mis orificios.

Así que se podrán imaginar que con esa terapia, Alex el personaje interpretado magistralmente por Malcolm McDowell en La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick se quedó corto escuchando a huevo una fresísima sobredosis de Beethoven.

Por tal razón, que no les extrañe si de pronto salgo con una iniciativa que pida la cabeza de Omar y la Morris (mis captores) y a ella se llegaran a adherir los del sindicato de aporreadores de partituras para discos de bajísima factura exigiendo respeto a su basura auditiva.

¿Quién se suma? ¿quién dijo yo?

¡Ay Vidiotrón cómo te odiooo! Lo que es la necesidá...

lunes, 10 de noviembre de 2008

Atn. Carlos Marín


Lamento una vez más la aparición en los devaluados medios de comunicación mexicanos de comentarios soberbios y llenos de "suficiencia" de gente que como usted sacia sus apetitos "profesionales" en el abrevadero del acomodo político y del juego a modo, y que encima se atreve a insultar la inteligencia de millones de mexicanos que cometen el gran pecado de no basarse en las conclusiones oficiales (como si éstas no fueran susceptibles de ser modificadas a golpe de cartera y de política de altos ¿o dire bajos? vuelos).

Usted comete un error proporcional a su ego al desestimar casos como los que cita (acribillamiento del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, los “cuatro Aburtos” de Tijuana, los atentados de Al Qaeda en Estados Unidos, el suicidio de Digna Ochoa, “la violación y asesinato” de una viejita zongoliqueña o el homicidio de Brad Will) con una duda e ironía que asusta, sobre todo si hablamos de alguien que se dice profesional.

En síntesis, hoy al leer su columna "La conspiración" (Milenio Diario, 10 de noviembre de 2008), me convenzo más de lo que pensé el día en que lo conocí: la soberbia en un periodista es el peor de los defectos; subestimar, estar convencido de que todos los receptores de su mensaje y la opinión pública sean idiotas (como su afirmación)por tener una opinión contraria a la suya, aunque ésta no esté basada en hechos o conclusiones que usted supone irrefutables.

Memoria histórica señor Marín, de ahí se alimenta el sospechosismo. ¿A usted ya se le olvidó todo lo que le ha tocado vivir? A mí no, a mis 34 años no se me ha olvidado que los complots políticos no son invenciones ni ocurrencias, sino maquinaciones de mentes enfermas de poder y de soberbia tan posibles y probables mientras haya ríos revueltos y ganancia de pescadores, aquí y en cualquier parte del mundo.

No insulte a quienes no piensan como usted.

Atte. Rubén Marín

viernes, 5 de septiembre de 2008

México en el espejo, pobre México


Tras la fallida realización de esa pantalla titulada Iluminemos México, recibí un acertadísimo correo electrónico de mi amigo Sergio Pimentel en el que compartía su opinión con sus amigos, con esa gente que tras muchos madrazos de la vida y mejores procesos de formación profesional y personal, ya no nos creemos ni el discurso oficial, ni los intentos de engaño de un puñado de verdaderos conspiradores que pretenden aterrorizar a México con su basura disfrazada.

Esta es mi contribución mi Yeyo (me tomé prestada tu analogía del espejo y quizá algo más, pues coincido con tus palabras a cada teclazo), amigos, hermanos...

Y ahí les voy.

De la marcha Iluminemos México no tengo mucho que decir que no retumbe en las cabezas de cientos de miles que hace cuatro años pensaron que las cosas iban a ir mejor cuando se realizó otra de características similares: simplemente decepción.

No así sobre las consecuencias y contemplaciones adicionales. El origen fue calcado (la marcha se organizó tras el lamentable secuestro y asesinato del hijo de una persona pública y de dinero e influencias evidentes), la exigencia de su realización y la reiteración de sus postulados esta vez fue inoculada por la vía de Internet, este medio masivo de comunicación que demostró su efectividad. ¿Los destinatarios? una masa (a la que para casi todo desdeñan esos que ahora la convocaron sedientos de carne de cañón) cansada de tanto atropello, impunidad, injusticia y desequilibrio, factores todos que causan esa famosa inseguridad de la que tanto adolece este país.

Sin embargo, al hablar de inseguridad, debemos obligarnos todos a analizar el país en el que vivimos, la calidad moral de las generaciones actuales, el grado de indiferencia que ha alcanzado la población por el prójimo, la falta de educación y la prepotencia de la que millones hacen gala todos los días, además de la miseria humana –independientemente de esa que obedece a cuestiones económicas y de educación-: pero sobre todo, la profunda crisis de valores que padece no sólo este país, sino el mundo entero, un punto de inflexión en el que los peores vicios han hecho su hogar, carcomiendo las bases más estructurales de la convivencia humana.

Durante mucho tiempo escuché al periodista Tomás Mojarro, mejor conocido como “El Valedor”, criticar a todos aquellos que “exigían” algo a las autoridades. Me costó años entenderlo, pero al fin lo hice.

No México, no es exigiendo que escuche al que se hace el sordo como se van a resolver los asuntos más importantes de la agenda nacional, sino estableciendo puntos de acción desde el fuero interno, educándonos y protegiendo con bases a nuestro entorno, comprometiéndonos con una causa para iniciar un movimiento que no necesariamente tiene que ser ni violento, ni de respuesta. Sin duda, esto constituye la base de un proceso que tardará mucho tiempo en rendir frutos tangibles: se llama educación y honestidad, pero no de esos discursos vacíos diseñados por los empresarios organizados de este país que pagan spots en medios masivos, sino el que parte de los individuos, de cada uno de los ciudadanos que poblamos este país al que ninguna marcha -por loable que parezca- va a sacar del profundo agujero en el que está metido.

Es increíble que alguien pretenda que creamos que cualquier problema de inseguridad en diferentes estratos será resuelto si antes no se le pone un alto a todo el aparato que hoy funciona para favorecer el ejercicio de la corrupción y la mezquindad: nunca se va a lograr que ese magro 13% de denuncias se convierta en un hábito sano y responsable por parte de la ciudadanía, si los ministerios públicos, juzgados y reclusorios siguen secuestrados por una partida de incompetentes y corruptos seres que disfrutan de las mieles del presupuesto.

Por otro lado ¿hasta cuándo seremos sólo testigos de los alardes de esa clase política a la que ahora se le exigen acciones contra el cáncer que ellos mismos ayudaron a nutrir? ¿Hasta cuándo permitiremos que haya “políticos de carrera” que secuestran al erario para vivir a costillas de él toda su vida, amparados en el argumento vacuo de “velar por los intereses de la ciudadanía”, mismo que esgrimen sin ton ni son en campañas como promesa, y que en la realidad termina por convertirse en una línea argumental que repiten según las necesidades de sus saltos por diferentes cargos públicos en los que nunca demuestran nada, sino su ambición de poder y cinismo?

Y ni hablar del sistema penal tan podrido desde sus entrañas y alimentado por la corrupción de mandos, custodios, cuerpos policiales, jueces, magistrados y ministerios públicos que aplican una empantanada ley con raseros distintos, discrecionalmente y a conveniencia política, personal o de grupo, amparados en un ilusorio “estado de derecho” que sólo ellos creen que existe (¿me escuchas allá en donde estés maestro emérito Burgoa Orihuela?).

Esos lugares han demostrado hasta el hartazgo ser caldos de cultivo de criminales graduados en posgrados de modalidades más violentas. Lo más curioso es que aún en estos tiempos se sigue pretendiendo que sean considerados “Centros de Readaptación social”, cuando los criminales tendrían que verlos como lo único posible: centros de reclusión para el castigo de la sociedad a quien quebranta la paz social, a quien violenta los derechos de los integrantes de la sociedad misma.

La solución no está en penas mayores, ni en la categorización absurda del criminal que propuso el ejecutivo hace unos meses, menos en una visceral petición de pena de muerte. Millones (sí, millones) piden a gritos esa violenta Ley del Talión hoy en día logrando hacer eco en legisladores irresponsables que obvian el problema que entraña la aplicación desde un sistema podrido y sin autoridad moral, hecho que irremediablemente provocaría más resentimiento social. Lo que se debe hacer es castigar la reincidencia, la flagrancia y la malvivencia, así como el daño, y evaluar si esa persona que reincide en crímenes graves le sirve o no a la sociedad y para qué, y hasta entonces siquiera pensar en decidir sobre esas vidas.

De nada va a servir marcha alguna si antes los ciudadanos no nos comprometemos a mantener un irrestricto respeto a la honestidad que hoy se pide a gritos vestido de blanco y con veladoras en la mano en un limitado ejercicio ciudadano que muchos suponen suficiente y determinante. ¿Cuántos de los que marcharon están dispuestos a luchar con honestidad contra la ineficiencia, la corrupción, la mordida, la extorsión, la tranza? ¿Cuántos de ellos consumen drogas y fomentan la violencia del aparato ilegal que las lleva a sus manos? ¿Cuántos están dispuestos a seguir la ruta de la legalidad para conseguir sus fines financieros y de negocios en el corto, mediano y largo plazo? Podría parecer una lucha de David contra Goliat, pero no señores, los cambios más grandes se logran con bases pequeñas, pero firmes, desde la familia, con educación y amor.

Sé que ustedes, mis queridos hermanos que estén leyendo en este momento mi opinión, estarán de acuerdo conmigo en que la marcha de hace dos semanas fue realmente un desfile en un espejo, que en algo debe valer, pero que de ninguna manera será, ni hoy, ni nunca, suficiente para acabar de tajo con este cáncer que nos carcome.

viernes, 29 de agosto de 2008

"Es como si faltara el aireee, no puedo respirar..."


¿Alguien se acuerda de Veni Vidi Vici? En uno de mis habituales viajes en el tiempo y el espacio, regresé a la etapa esa en la que lucía un look de Robert Smith de petatiux (no por ganas, sino porque el "afro-punk" era consecuencia de un nulo acomodo de mi entonces abundante cabellera que hoy tanto extraño).

¿El año? 1987, ese que recibí dando el salto a la pubertad vistiendo de pronto camisas de seda fiorucci, pantalones Marlboro Leisure Wear deslavados, bombachos, amarrados con bastilla a huevo y top siders blancos.

Se preguntarán ¿a que se debe tal debraye? A que por fin encontré -gracias a las virtudes del maravilloso internet que diosito nos regaló a los integrantes de esta generación de ruptura- los dos discos que el dueto español Veni Vidi Vici grabó en su corta carrera, que tanto busqué durante 22 años y que mientras escribo estas líneas suenan con todo en una oficina que más bien parece un pueblo fantasma después de que dan las seis de la tarde en viernes (me cae que sólo yo disfruto estas cosas).

Sólo quise compartir con este espacio en blanco (que una vez nutrido por las letras podría ser leído por los asiduos a este amasijo de ideas) lo que estoy sintiendo al oir estas rolitas que hoy serían catalogadas por millones de las nuevas generaciones como la ñoñéz más extrema. La letra de MI ROLA "Qué mal, qué mal" me hizo sentir de 13 otra vez, me llevó al lado de Araceli y Netty a una estación de metro, me hizo recordar que reprobé física y quimica por estarle viendo las piernas a mi teacher Hilda Peña Elizondo, y me sorprendió sentado en mi oficina vistiendo pantalón príncipe de gales, chazarilla y sueter verde roto luchando otra vez contra los estragos de las hormonas y enamorándome por primera vez...

Pero bendita máquina del tiempo la mía, la rola también me llevó a un futuro inminente por una razón. Intentaré explicarlo: cuando mi amiga Iliana habla del mar, lo hace con tanta pasión (como todo lo que hace) que parece que nació de él. Los VVV hablan en la canción de una persona que regresa por fuerza de la costa a la ciudad y que ve negro lo que antes era normal, que no resiste la ciudad, le falta el aire y le cuesta respirar porque se ha acostumbrado a estar cerca del mar... (asociación que puede ser realidad cuando tengamos el gusto de volver a ver a Ili, pero que se antoja premonitoria para que cumpla su sueño de vivir al lado del océano).

Ahora que termino esta entrada de la Noción Errante me parece respirar el aroma y el calor de ese mar de Valencia con Ili, Mau, May y Míkel en una película que no he visto, pero que sé existe...

¡Te extrañamos Ili!
Que viajesoteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee...

jueves, 14 de agosto de 2008

Ya te espero loco bajito...




Parece increíble que hayan pasado tantos años de mi vida y de verdad no me haya imaginado al cien por ciento como padre. Quizá por eso es que sigo sin poder pasar el trance que va de una hermosa noticia acompañada por un par de zapatitos y una cartita "escrita" por mi bebito que afirmaba "patato ya te quiero conocer" al cada vez más próximo "mira a nuestro hijo"...

Hace ya seis años le dije a May con la voz prestada de Pedrito Guerra "Aquí hace menos frío" , y le pedía a gritos callados: "pasa... entra"; o con el talento de Aureo: "llama por favor sin buscar una razón"... Y "casi sin querer" logré que empezara una historia con el "principio de una verde mañana" que nos encontró abrazados y asustados, pero renovados, con dudas pero abiertos a aceptar un "cambio de planes"...

Sólo necesitaba "un abrazo fuerte" y dejar de "llorar por dentro". May estuvo allí, paciente, tranquila, solidaria, compasiva, con su risa clara que me hizo "no tenerle miedo a casi nada..." y afrontar ya sin lágrimas "la luz de la mañana".

Hoy, a la distancia, Dios y esa persona que se asomó a mi corazón sin miedo me han regalado la oportunidad de sentirme ansioso, expectante y feliz, pero aún desconectado de una realidad apabullante y absoluta: ¡voy a ser papá, y a mis 33 años no sé que hacer, ni qué decir, ni qué pensar! Confío que ya pasará y esta incertidumbre estará en el pasado cuando lo tenga en mis brazos y esté mirando fijamente a su madre, la nueva May, pero la misma, reinventada, mejorada, llena de luz...

Ha habido pocas veces en que la música no me ha alcanzado para acompañar lo que siento, y hoy son tantas las preguntas sin respuesta que intento satisfacer en canciones, pero todas se quedan cortas al intentar explicar a este manojo de dudas cómo será su mirada en la mía... pero también si de veras como decía Serrat no podremos evitar que sufra, que las agujas avancen en el reloj, que crezca, que decida por él y que llegue el día en que nos dirá adios para iniciar su propia historia.

De todas formas ¡ya te espero loco bajito, no te tardes locotrónico!



Mensajes adicionales:

Mi May, madre de mi hijo, sol de mi vida. Mujer noble, íntegra y que sabe amar, te debía esto...

Míkel: canta tu canción del despertar, ojos de cielo, voz de mar. Bienvenido papá, aquí te esperamos mamá y yo!

Maestro Lerner, présteme esta: "Dame de ti tu luna mejor, que yo encenderé la luz del sol..."

jueves, 10 de julio de 2008

Calma corazón, calma...





¿Acaso es tan difícil vivir sin fórmulas? ¿Es un pecado intentar hacerlo así? ¿Se es iluso o soñador, utópico o naif al querer experimentar, equivocarse y asumir consecuencias para aprender? ¿No será que los idiotas que asumen su experiencia como ley, su egoismo como base y su vivir como bandera de conquista sobre los inexpertos, los inocentes, los nóveles, los amorosos, los sentimentales, los sensibles, los respetuosos, se quedarán debajo de los cimientos de lo que realmente vale la pena en esta vida, el amor?

Hoy más que nunca estoy convencido de que la salida no es por ahí y de que los muchos que se preocupan por joder al prójimo creyendo que están haciendo bien o ganando indulgencias terrenales terminarán quedándose vacíos, tal y como ya están ahora...

Yo prefiero disfrutar y llenarme de pedazos de sabiduría como esta:

El Resto es humo
Luis Eduardo Aute
Humo y Azar (2007).


Puede que esto de vivir
consista en disfrazarse de veleta y de girar
según qué viento...

Y de celebrar el triunfo
de las estrategias sobre la caducidad
del sentimiento

Y de coronar las cumbres
más resplandecientes donde el águila
es experta en alpinismo

Y de especular con el honor
como la causa justa más preciada
del mejor cinismo...

¡Calma corazón, calma, corazón! sabes bien
que la única razón que aún asumo
es la improcedente sinrazón
de amar y amar y amar...
y sólo amar,
el resto es humo...

Déjales que invadan
los vacíos que dejaron los santones
que ocupaban los altares,

que defiendan la casualidad
como principio frente a la causalidad
de los azares...

que se llenen las barrigas
con el fruto que comieron, insaciablemente,
en otros huertos...

Que levanten podios a sí mismos
sobre el mármol que sepulta
su currículum de muertos...

¡Calma corazón, calma, corazón! sabes bien
que la única razón que aún asumo
es la improcedente sinrazón
de amar y amar y amar...
y sólo amar,
el resto es humo...

Míralos matarse con las armas
más sutiles con el fin de hacerse
con una medalla,

que persistan en su empeño
de pensar que sólo con fortuna y con poder
darán la talla,

que fabriquen aspas de molino
que defiendan al gigante
contra el aire del ensueño,

que produzcan monstruos pertrechados
de razones que jamás admitan
que la vida es sueño...

lunes, 10 de septiembre de 2007

La voz de un ángel



Una de las canciones que deben formar parte de la cultura universal como muestra de lo que la música puede provocar en los seres humanos y sus corazones, es sin duda What a wonderful world del maestro Louis Armstrong. Una obra maestra de apabullante sencillez que encomia lo más bello de la vida como un simple ejercicio de observación del entorno, ese que a veces a todos se nos torna oscuro, nublado, cuando paradójicamente el planeta sigue girando y afortunadamente con los mismos bellos elementos consigo.
Apenas el día de ayer descubrí por accidente -como se descubren las mejores cosas de la vida- la existencia de Eva Cassidy, la voz de un ángel que lamentablemente ha ocupado su sitio en el cielo, ese al que se hizo merecedora por sólo abrir su boca y corazón para dejar huella en la historia, en las almas de quienes tengan el privilegio de escucharla.
Puede ser que haya sido tarde, pero nunca es tarde para sentir. Y Eva lo hizo en mi.
Supe que nació el 2 de febrero de 1963 en Washington, DC, y que murió el 2 de noviembre de 1996 en Bowie, Maryland, a causa de un melanoma, no sin antes brindar una hermosa interpretación en vivo de What a wonderful world, ya en silla de ruedas y a punto de ser ingresada en el hospital Johns Hopkins, en donde finalmente dejó de existir.
En 2001, su disco de éxitos Songbird alcanzó el número uno en las listas del Reino Unido. En él se incluían canciones entrañables como el clásico Over The Rainbow (versión en la que se inspiró la gran perdedora de American Idol 2007, Katherine McPhee para crear un nuevo clásico del mainstream), una versión de Fields of Gold que hizo llorar al mismísimo Sting, y la maravillosa Autumn Leaves (mi primer contacto con su arte gracias al autor del blog http://estoycansadodellevarmepuesto.blogspot.com)

El arte de este ángel se puede escuchar en diferentes películas y series de las que formó parte en su banda sonora, o incluso en grandes participaciones de patinadoras estadunidenses en competencias y galas olímpicas.
Existe un rumor de que la vida de esta maravillosa mujer podría ser llevada a la pantalla grande llevando en el rol principal a Kirsten Dunst o la inglesa Emily Watson.
Ahora sé por qué me gusta tanto Norah Jones...

Por favor, sean testigos de la grandeza de este angelote y su privilegiada voz, su talento, su magia...
http://www.youtube.com/watch?v=K7-haKkFnT8